Educación
CUIDAR LAS PALABRAS Y HACER EL BIEN AUNQUE NO SE NOTE

La necesidad de captar la atención en el «mar revuelto de la opinión pública» ha propiciado una dinámica en la que «la gresca» tiene premio. Más no estamos condenados a dejar que la mentalidad utilitaria se imponga sobre la integridad.
A la máxima “grita más y te harán más caso”, se le puede oponer otra más luminosa: “Cuida las palabras y haz el bien, aunque no se note”.

En su libro La sociedad de la intolerancia, el politólogo Fernando Vallespín dedica un capítulo a analizar las transformaciones sufridas por el espacio público como consecuencia del tsunami digital. Quizá el rasgo que las resume todas es que nuestra conversación pública se ha vuelto caótica, desorganizada.
¿En qué consiste el desorden? Básicamente, en que ya no hay filtros de entrada ni una selección de temas cuidadosamente pensada. Gracias al móvil, “cada cual puede hacerse presente en todo momento, en cualquier debate” y “a través de todo tipo de canales”. El resultado es una cascada rapidísima de tuits, memes, gifs…, que hacen de la conversación pública un “no-territorio del que ya apenas podemos salir”, una sucesión de mensajes descontextualizados que “lo atraviesa todo”.
En este espacio público desorganizado, donde cada vez hay menos tiempo para pensar, leer o escuchar, cunde el pánico entre los comunicadores. “Bajo las condiciones de esta economía de la atención, el énfasis debe ponerse (…) en la capacidad para generar impacto”. De aquí surge una retahíla de incentivos perversos que van deteriorando la calidad del debate público: ¿para qué demorarse en el cuidado de las palabras, la selección de argumentos o la búsqueda de matices, si lo que da puntos es “la contundencia en las opiniones”, “la descalificación visceral” o las “actitudes polarizantes”?
La moderación como lastre
La suposición implícita en quienes aceptan estas reglas de juego es que la moderación estorba e impide llegar al mayor número posible de gente; es un lastre para la eficacia. Un ejemplo paradigmático de esta mentalidad lo ofrecen estas declaraciones del entonces diputado, ex presidente de Brasil Jair Bolsonaro, en una entrevista en 2011: “Sin contundencia, no te escuchan. Tenemos excelentes parlamentarios que explican sus ideas de forma educada y, por eso, no encuentran eco en los medios”.
Pero el problema no viene solo de los populistas de derechas. En no pocos medios de izquierdas conviven valiosas tribunas que critican la estereotipación del rival con noticias que despachan “la” etiqueta a diestro y siniestro: “ultraderecha”, “ultraconservadores”, “ultracatólicos”… En vez de reservarla para los verdaderos extremistas, se endosa a todo lo que se mueve en el lado de los tenidos por antiprogresistas, normalizando así la idea de que toda visión del mundo que se desvía de la propia es fanática e ilegítima.Se comprende la preocupación por captar la atención en este oleaje de pasiones. Pero la eficacia no es el único valor que importa en la comunicación pública. Por delante van la veracidad, la integridad, la buena fe…
Hay integridad en la decisión de renunciar a las palabras deliberadamente hirientes y a las faltas de respeto. Hay integridad en el empeño por tomarse en serio los argumentos del rival y de resumirlos del mejor modo posible. Hay integridad en dedicar tiempo a investigar unos hechos para elegir el adjetivo adecuado. Hay integridad en el esfuerzo por explicitar los significados de las palabras más discutidas en la opinión pública. Hay integridad en la renuncia a montar una “polémica” donde solo hay un desacuerdo legítimo de opiniones, etc.
Ninguno somos impecables, pero no por eso tenemos que renunciar a perseguir y proponer el ideal que nos haga mejores. Tampoco esto nos obliga a abdicar de nuestras convicciones, ni de una apasionada (y necesaria) confrontación de ideas. El ideal tiene que ver con el respeto y con la determinación de que las palabras que dependen de cada cual no contribuyan a ensuciar el espacio público.
El poder curativo de las palabras
Un contraejemplo de la regla “grita más y te harán más caso” es el que ofrece la escritora Irene Vallejo, quien se ha convertido en un fenómeno literario a base de cuidar el lenguaje y de tomar a sus lectores por personas inteligentes. De todos modos, sus escritos dejan claro que no le preocupa tanto la eficacia como la integridad y el buen hacer.
“Tengo confianza, casi diría una fe ancestral, en la palabra”, decía en una entrevista. “Creo que es muy importante cómo se dicen las cosas. El problema no son tanto las opiniones, sino la manera muchas veces agresiva y violenta con la que se utiliza el lenguaje. (…) He intentado hacer de esa reflexión una divisa: el cuidado, el respeto al que me habla, la elección cuidada de las palabras para que no haya agresividad”. Y, con visible optimismo, añadía: “Esa forma de respetar a quien nos dirige la palabra al final acaba siendo más contagiosa de lo que creemos”.
Nos regala una perla final: “Mi abuelo paterno decía una frase que se me ha quedado marcada: ‘El bien no se nota’. Era una persona muy cuidadora, evitaba el daño de la gente, aunque ellos no lo llegaran a saber. Decía: ‘El mal es ruidoso, el bien no se nota porque no chirría’. Ahora hay mucha gente que está haciendo el bien que no suena, y quizá tendríamos que mirar alrededor para observar cuántos están haciendo esfuerzos para que las cosas funcionen”.
Educación
INVERTIR EN CONOCIMIENTO TAMBIEN ES INVERTIR EN PRODUCTIVIDAD

“Más de la mitad de quienes estudian ingeniería en la Argentina lo hacen en alguna de las Facultades Regionales de la UTN. La formación profesional, la investigación aplicada y la transferencia tecnológica son capacidades necesarias para que el país pueda innovar y aumentar su productividad
En una economía global atravesada por la inteligencia artificial, la automatización y una transformación tecnológica cada vez más acelerada, la discusión sobre la universidad pública no puede quedar reducida exclusivamente a su presupuesto. La pregunta de fondo es otra: qué capacidades necesita la Argentina para producir, innovar, generar empleo calificado y competir en un mundo que está cambiando a una velocidad inédita.

En ese escenario, la universidad pública ocupa un lugar central. No solamente porque forma profesionales, sino porque produce conocimiento, desarrolla investigación, transfiere tecnología y construye vínculos con empresas, organismos públicos y sectores productivos.
En el caso de la Universidad Tecnológica Nacional, esa relación con el entramado productivo forma parte de nuestra propia identidad. La ingeniería tiene una característica particular: transforma conocimiento en soluciones concretas. Detrás de una mejora en un proceso industrial, de una innovación tecnológica, de una nueva infraestructura o de la incorporación de herramientas digitales existen profesionales, investigación y conocimiento acumulado.
Por eso, cuando discutimos el financiamiento universitario también estamos discutiendo desarrollo económico.
Una universidad que cuenta con previsibilidad presupuestaria puede planificar inversiones en infraestructura, equipamiento y tecnología. Puede sostener proyectos de investigación que necesariamente requieren continuidad. Puede fortalecer sus carreras, acompañar las trayectorias de sus estudiantes y profundizar la relación con las empresas y los sectores productivos.
La experiencia de la UTN Paraná permite ver esa articulación en términos concretos. En los últimos años desarrollamos proyectos de vinculación tecnológica y transferencia científica hacia el sector industrial y productivo. Recientemente, por ejemplo, la Facultad firmó un convenio con la empresa Elmer 4.0 para fortalecer la cooperación y la asistencia técnica en materia de desarrollo tecnológico regional.
También participamos de espacios como Agroactiva, donde la Universidad pone a disposición sus capacidades de investigación aplicada y establece vínculos con empresas, productores y organismos públicos.
Ese vínculo es fundamental porque permite que el conocimiento generado dentro de la universidad no termine en sí mismo. La investigación y la formación adquieren otra dimensión cuando pueden transformarse en soluciones, mejoras productivas, innovación y nuevas capacidades para la economía.
El desafío de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial acelera todavía más esta discusión. Ya está modificando procesos productivos, formas de organización, servicios y profesiones. Frente a esta transformación suele aparecer una pregunta inmediata: cuántos puestos de trabajo puede reemplazar la tecnología. Es una discusión necesaria, pero incompleta.
También tenemos que preguntarnos qué nuevos trabajos, actividades y oportunidades puede generar, qué sectores productivos pueden incorporar estas herramientas para mejorar su productividad y, fundamentalmente, qué capacidades necesita desarrollar la Argentina para participar activamente de esa transformación.
No alcanza con ser consumidores de tecnología. Necesitamos formar profesionales capaces de comprenderla, desarrollarla, aplicarla y adaptarla a las necesidades de nuestra economía.
La universidad pública tiene una función estratégica en ese proceso.
Necesitamos ingenieros y profesionales capaces de trabajar con inteligencia artificial, pero también de comprender sus límites y evaluar sus impactos. Necesitamos investigadores que produzcan conocimiento y empresas capaces de incorporar ese conocimiento a sus procesos. Y necesitamos un Estado que cuente con profesionales preparados para utilizar estas tecnologías en la gestión y en la prestación de servicios públicos.
La transformación tecnológica, además, no ocurre solamente dentro de las empresas tecnológicas. Atraviesa a la industria, al agro, a la energía, a la salud, a la educación, a los servicios y al propio Estado.
Por eso, formar ingenieros y profesionales tecnológicos también es una política de desarrollo.
En la UTN tenemos una responsabilidad particular. Más de la mitad de quienes estudian ingeniería en nuestro país lo hacen en alguna de nuestras Facultades Regionales. Eso representa una enorme responsabilidad, pero también una oportunidad: acompañar la formación de miles de jóvenes que serán quienes diseñen, desarrollen y conduzcan buena parte de las transformaciones tecnológicas de las próximas décadas.
Presupuesto, inversión y planificación
Todo esto requiere previsibilidad. El presupuesto universitario no debería analizarse únicamente como una partida destinada a financiar gastos corrientes. También es una herramienta para sostener capacidades que el país necesita para desarrollarse.
Un laboratorio requiere equipamiento. Una carrera de ingeniería necesita infraestructura específica. Una investigación necesita continuidad. Un proyecto de transferencia tecnológica requiere recursos y profesionales capaces de sostenerlo en el tiempo.
Cuando esas capacidades se interrumpen, reconstruirlas no siempre es inmediato. El conocimiento, la formación de equipos y la experiencia acumulada necesitan años para consolidarse.
Por eso, la discusión presupuestaria también es una discusión acerca del modelo de desarrollo que queremos construir.
La Argentina necesita aumentar su productividad, incorporar tecnología, agregar valor a su producción y generar empleos de mayor calificación. Para alcanzar esos objetivos hacen falta empresas que inviertan e innoven, pero también instituciones capaces de formar profesionales, investigar y producir conocimiento.
Universidad y sector productivo no son mundos separados
Desde la formación de profesionales hasta la investigación aplicada; desde la transferencia tecnológica hasta la vinculación con empresas; desde la generación de conocimiento hasta la capacitación de quienes luego trabajan en el sector privado o en el Estado, existe un entramado que forma parte de las capacidades productivas del país.
En un mundo en el que el conocimiento tiene cada vez mayor peso en la generación de valor, esas capacidades se vuelven estratégicas. El desafío es conseguir que puedan desarrollarse con continuidad, planificación y una mirada de largo plazo.
Porque invertir en universidad pública también significa invertir en conocimiento. Y el conocimiento es una de las principales herramientas que tiene una sociedad para innovar, mejorar su productividad, generar nuevas oportunidades laborales y construir su futuro tecnológico”, concluyó Carrere. (APFDigital)
Opinión de Alejandro Carrere (decano de la Facultad Regional Paraná de la Universidad Tecnológica Nacional)

Educación
SAN MIGUEL ARCÁNGEL PATRONO DE ENTRE RIOS

Desde los tiempos coloniales fue una tradicional costumbre cristiana poner a cada pueblo bajo la protección de un santo patrono. En el caso de Entre Ríos, en 1825, la elección recayó en San Miguel; recordamos cómo y por qué.
El honor y la veneración a San Miguel, ha sido parte esencial de la vida de la Iglesia desde sus inicios. Se lo representa con el traje de Guerrero o de Soldado Centurión como Príncipe de Milicia Celestial. Es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael.

La Santa Iglesia le da el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”. Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento, recuerda Cuestión Entrerriana.
Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector contra los poderes diabólicos.
En Entre Ríos
En la provincia el culto a este arcángel tiene su historia. En 1822 por iniciativa del cura Antolín Gil y Obligado, se levantó en Paraná la primera capilla en honor de San Miguel Arcángel, es la iglesia más antigua de esta ciudad, que en su momento fue iglesia matriz. También San Miguel, fue el nombre de la primera estancia jesuítica que dio origen a la ciudad de Paraná.
En 1825 era tal la devoción por San Miguel y por la Virgen del Rosario que un cura de fuerte presencia, el deán Francisco Dionisio Álvarez, concibió la idea de llamar a la feligresía a una votación para determinar cuál santo sería patrono de la provincia y cuál el patrono de la ciudad de Paraná.
El 1º de enero de 1825, por votación popular, realizada en la plaza céntrica de Paraná, San Miguel resultó elegido patrono de Entre Ríos.
Las crónicas refieren que fue la primera elección democrática con participación de toda la población de que se tenga noticias allí y no obstante lo que esperaba el propio clero, que entendía que sería elegida patrona la Virgen del Rosario, los votantes eligieron a San Miguel.
La virgen del Rosario fue elegida como patrona de la ciudad, que se llamaba entonces Villa de Nuestra Señora del Rosario de la Baxada del Paraná.
En tanto, en diciembre de 1851 el Papa Pío IX confirmó a San Miguel Arcángel como Patrono de Entre Ríos.
Cada 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel, la provincia celebra la Festividad del Santo Patrono. Es feriado provincial para la administración pública provincial y municipal y optativo para el empleador del comercio, la industria y los servicios
Educación
ÚLTIMO TRIMESTRE DE ACTIVIDADES ESCOLARES OBLIGATORIAS

El ente rector de la escolaridad obligatoria entrerriana es el Consejo General de Educación.
Este organismo dictó oportunamente el calendario escolar 2026 mediante el acto administrativo conocido como Resolución 3686/25 CGE. De la misma se desprende que el mes de Octubre es el de las inscripciones para el período escolar 2027.

Distintas escuelas del Departamento Uruguay ya enviaron notas o comunicados a las familias consultando por la reinscripción 2027, para determinar la existencia aproximada de vacantes en cada división/grado/sala.
Es momento para que las familias analicen integralmente la escolaridad de los menores a su cargo para decidir si dan continuidad a la trayectoria escolar en la institución de su preferencia o en donde haya cupos/vacantes.
El tercer trimestre inició el 31/08/26 al 18/12/26. En Noviembre se produce el cierre del tercer trimestre (primaria y secundaria). Presentación de informes de las trayectorias educativas de estudiantes.(Resolución N° 0920/19 CGE), mediante sistema SAGE Resolución N° 1800/22 CGE
Diciembre: Actos de colación a partir del día 4.
07 al 18 de diciembre: Período de intensificación de aprendizajes e informe para Nivel
Primario
18 de diciembre:
Finalización del tercer trimestre con cierre diversificado de trayectorias escolares
Febrero 2027: período de integración, intensificación y evaluación de
saberes.

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