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LOS PODEROSOS ASPIRAN A QUE SE PRODUZCA LA LUCHA DE POBRES CONTRA POBRES

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Algunos trabajadores argentinos atrapados en el síndrome de Stephen Candie, que es un fenómeno con origen en el cine que sin embargo explica a la lógica de una parte de la sociedad Argentina.

En la película “Django sin cadenas” (2012), Samuel L. Jackson interpreta a Stephen, el mayordomo negro de Calvin Candie, un adinerado dueño de una plantación que, a su conveniencia, le permite creerse parte de la familia y hasta usar informalmente el apellido. Pero esa ilusión se desvanece en cada escena en la que el personaje de Leonardo DiCaprio le recuerda su verdadera condición de esclavo, con humillaciones y malos tratos incluidos.

La principal característica de Stephen es su desprecio hacia los suyos. Se indigna con una intensidad mayor que la de su propio amo cuando Django, un hombre negro libre, llega a la finca montando a caballo cuanos los negros tenían prohibido hacerlo. No solo se ofende y reclama a Candie por esa “osadía”, sino que incluso anticipa que, después de alojarlo en la casa principal, “tendrá que quemar las sábanas y todo eso”. Para él, las conductas de un hombre libre son una anomalía, un privilegio indebido, una desviación del orden natural que coloca a cada quien en su sitio. Ese es, precisamente, el síndrome de Stephen Candie: la aceptación del sometimiento y la defensa activa del opresor.

En Argentina, los gobiernos y —sobre todo— los grandes medios de comunicación de derecha han sabido reproducir esas mismas condiciones psicológicas. Logrando que muchos trabajadores defiendan con convicción los intereses de quienes los explotan, despreciando a sus pares y mostrándose incluso más duros con ellos que los propios dueños del poder. 

Un sector creciente de trabajadores, que ha transitado su vida laboral sin gozar de los derechos conquistados por el movimiento obrero, comenzó a mirar esos derechos como privilegios ajenos. El cuentapropista que no cobra si se enferma observa con resentimiento al asalariado que puede tomarse una licencia médica. El empleado que hace horas extras “de onda”, porque hay que “ponerse la camiseta”, empieza a creer que las horas que no le pagan son las que sí cobra otro. Y el que hace tres años no logra tomarse vacaciones en verano se enoja con quien sí puede hacerlo.

Así, los derechos se convierten en privilegios. En la película y en la vida real. Cada trabajador que se politiza por derecha y acepta el relato del sacrificio sin recompensa está, en el fondo, repitiendo la actitud de Stephen Candie: asumiendo su lugar en el sistema y olvidando que, como él, sigue siendo un esclavo, aunque lo disimulen las migajas del amo.

Fuente : https://www.codigobaires.com.ar/

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LAS P.A.S.O. SON PARA LA DEMOCRACIA, NO PARA LOS DIRIGENTES

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El ministro de Gobierno, Manuel Troncoso, dice ser partidario de las PASO y reconoce: “Nosotros, como gobierno, somos un producto de las PASO”. Pero inmediatamente después pone una condición: que no sean utilizadas para “resolver los problemas de los dirigentes”.

En esto último coincidimos. Pero con una precisión: hay que resolver los problemas políticos de la política y no los problemas políticos de los políticos. Nosotros también somos resultado de las PASO, porque siempre hemos participado de internas. Y sabemos que cuando la política no logra construir un acuerdo, son los ciudadanos quienes deben tener la posibilidad de decidir.

Las PASO no fueron creadas para resolver problemas personales de los dirigentes. Fueron creadas para que la ciudadanía pueda elegir entre distintas alternativas y ordenar democráticamente la representación política.

Por eso, las diferencias no desaparecen porque se suspendan las PASO. Si hay dos candidatos, seguirán existiendo dos candidatos. Si hay tres sectores con posiciones diferentes, seguirán existiendo esas diferencias. La pregunta es quién resuelve ese desacuerdo: ¿los dirigentes o la ciudadanía?

SI NO DECIDE LA GENTE, DECIDIRÁ ALGUIEN

Si se eliminan las PASO, alguien tendrá que definir las candidaturas. Y si no lo hacen los ciudadanos mediante el voto, las definiciones quedarán en manos de quienes tengan capacidad para sentarse a negociar.

Eso no elimina la política. Elimina la posibilidad de que la ciudadanía participe de una parte de ella. Las PASO no obligan a competir. Si los dirigentes alcanzan un acuerdo, habrá una candidatura común. Pero cuando el acuerdo no existe, ofrecen una salida democrática: competir, elegir y ordenar.

Troncoso también habla de “estrechez económica” y de “hartazgo de la ciudadanía hacia la política”. Es cierto que hay hartazgo. Pero la respuesta al hartazgo no puede ser darle menos participación a la ciudadanía. Y tampoco podemos reducir una discusión institucional de esta importancia a cuánto cuesta una elección. Si las PASO deben reformarse, reformémoslas. Si pueden hacerse más eficientes, discutámoslo. Pero no confundamos el costo de la democracia con el costo de la política.

Porque cuando la política se reduce a la búsqueda personal o sectorial de poder, pierde su sentido. Y cuando los dirigentes discuten las reglas democráticas pensando más en sus propias conveniencias que en las necesidades de la sociedad, el problema ya no son las PASO. El problema es la política.

La política tiene que ordenar sus espacios, construir mayorías, encontrar liderazgos y producir acuerdos. Pero no puede hacerlo a costa de quitarle a la ciudadanía la posibilidad de intervenir.

La gente dijo basta frente a una política encerrada sobre sí misma. La respuesta no puede ser cerrar todavía más la política. Tiene que ser abrirla. Por eso, la frase de Troncoso puede ser compartida, pero con una precisión fundamental:

Las PASO no tienen que resolver los problemas políticos de los políticos. Tienen que resolver, democráticamente, los problemas políticos de la política. Porque las PASO no son de los dirigentes. Son de la ciudadanía.

Juan Martín Garay
Abogado y Concejal
Concepción del Uruguay

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DIA DE LA INDUSTRIA NACIONAL

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El 2 de septiembre se conmemora en el país el Día de la Industria a pesar de que la «primera exportación argentina» encubre un acto de contrabando y comercio ilegal.  Efectivamente, el 2 de septiembre de 1587, zarpó desde el fondeadero del Riachuelo, que hacía las veces de puerto de Buenos Aires, la carabela San Antonio, rumbo al Brasil. Llevaba en sus bodegas cubrecamas, frazadas, otros tejidos, sombreros y bolsas de harina, producidos en Santiago del Estero. Pero en su interior, camufladas, según denunció el gobernador del Tucumán Ramírez de Velasco, también cargaba barras de plata provenientes de Potosí, cuya exportación estaba prohibida por Real Cédula.

El desarrollo industrial en estos territorios tardaría siglos en llegar. Recién hacia fines del siglo XVIII arribaron a Buenos Aires las primeras manufacturas inglesas, pero la masiva penetración de bienes importados imposibilitó el desarrollo industrial, que debió esperar largamente hasta entrado el siglo XX. El debate entre librecambistas y proteccionistas se extendió largamente durante los siglos XIX, XX y continúa en nuestros días.

Fuente: Sesión del congreso Nacional del 18/9/1875. Cámara de Diputados, págs. 1123-1124.

«El libre cambio mata a la industria naciente. Los que han defendido ciegamente teorías sostenidas en otras partes no se han apercibido que apoyaban intereses contrarios a los suyos. Cuando esta cuestión se discutía en el Parlamento inglés, uno de los ilustrados defensores del libre cambio decía que él quería hacer de la Inglaterra la fábrica del mundo y de la América, la granja de la Inglaterra. Y decía una gran verdad, que en gran parte se ha realizado porque en efecto nosotros somos y seremos por mucho tiempo, si no ponemos remedio al mal, la granja de las grandes naciones manufactureras (…) Yo pregunto, Sr. Presidente, ¿qué produce hoy la provincia de Buenos Aires, la primera provincia de la República? Triste es decirlo. Sólo produce pasto y toda su riqueza está pendiente de las nubes. El año que ellas nieguen riego a nuestros campos, toda nuestra riqueza habrá desaparecido. Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto.»

Carlos Pellegrini. 

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DIA DE LA ANCIANIDAD

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En Argentina se celebra el 28 de agosto en conmemoración a la proclama de los DERECHOS DE LA ANCIANIDAD, impulsados por la primera dama Eva Perón hace más de medio siglo

Argentina se convirtió en pionera en la incorporación de derechos específicos para los adultos mayores en su legislación. Estos derechos fueron añadidos a la Constitución de 1949 y ratificados por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 18 de noviembre de 1948.

Cuáles son los derechos de la ancianidad

  • Derecho a la asistencia: todo anciano tiene derecho a su protección integral por parte de su familia. En caso de desamparo, le corresponde al Estado proveer dicha protección, ya sea de manera directa o a través de instituciones o fundaciones creadas con ese fin.
  • Derecho a la vivienda: el derecho a un albergue higiénico con un mínimo de comodidades hogareñas es inherente a la condición humana y debe ser garantizado.
  • Derecho a la alimentación: la alimentación sana y adecuada a la edad y estado físico de cada persona debe ser contemplada de manera particular para garantizar la salud de los adultos mayores.
  • Derecho al vestido: el vestido decoroso y apropiado al clima complementa el derecho a la alimentación, asegurando el bienestar integral de las personas mayores.
  • Derecho al cuidado de la salud física: el cuidado de la salud física de los mayores debe ser una preocupación especial y permanente para garantizar su bienestar.
  • Derecho al cuidado de la salud moral: debe asegurarse el libre ejercicio de las expansiones espirituales y emocionales, en concordancia con la moral y el culto de cada individuo.
  • Derecho al esparcimiento: las personas mayores tienen el derecho a gozar de un mínimo de entretenimientos que les permitan sobrellevar con satisfacción sus horas de espera y garantizar una vida plena.
  • Derecho al trabajo: cuando el estado y las condiciones de salud lo permitan, se debe facilitar la ocupación por medio de la labor terapia productiva para evitar la disminución de la personalidad.
  • Derecho a la tranquilidad: gozar de tranquilidad, libre de angustias y preocupaciones en los últimos años de vida, es un derecho esencial para los ancianos.
  • Derecho al respeto: la ancianidad tiene derecho al respeto y consideración de sus semejantes, garantizando su dignidad en todo momento.

Sin embargo la realidad es que en las últimas décadas los fondos aportados por los otrora trabajadores activos hoy jubilados fueron derivados a otros destinos. Esta sucesión de decisiones generó los clásicos miércoles de protestas de jubilados frente al Congreso de la Nación, donde el aparato represor del Estado ha demostrado estar activo y pronto para avanzar con crueldad sobre los ancianos en protesta por sus derechos.

La situación socioeconómica de los adultos mayores en Argentina alcanzó su punto más crítico en casi una década. Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), elaborado en conjunto con la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría (SAGG), el 46% de los hogares con personas mayores de 60 años no alcanza a cubrir sus gastos mensuales.

Para lamento de todos, los sucesivos gobiernos han visto la jubilación como una dádiva y no como una recompensa para quienes se esforzaron durante toda su vida  

La pregunta del millón, entonces, es ¿cómo despertar la confianza en los jóvenes de hoy? ¿Con qué estímulos van a aportar si la Anses sigue siendo una caja negra que los políticos usan y abusan a su antojo? Se impone un cambio de paradigma en el que la transparencia y la igualdad derroten por fin al saqueo y la corrupción. 

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