Cultura
¿ QUIÉNES SON LOS DUEÑOS DE LOS FESTIVALES ?

Cada vez que se reaviva la discusión sobre el rol del Estado en los festivales populares, aparece una pregunta que parece sencilla, pero no lo es: ¿Quiénes son, en definitiva, los dueños de los festivales? Para intentar responderla conviene volver al origen, a la historia, y especialmente a la razón por la cual estos eventos nacieron y lograron convertirse en fenómenos culturales masivos.
Córdoba ofrece tres ejemplos paradigmáticos: Cosquín, Jesús María y Villa María. Distintos en sus trayectorias, pero unidos por un punto en común: no surgieron como negocios, sino como respuestas comunitarias a problemas concretos.

Cosquín nació a comienzos de los años 60 cuando un grupo de vecinos decidió romper con la imagen de la ciudad asociada a la tuberculosis. El folclore, que comenzaba a consolidarse como expresión popular, fue la herramienta para cambiar el destino simbólico del lugar.
En Jesús María y Colonia Caroya, el origen fue todavía más claro: cooperadoras escolares que necesitaban recaudar fondos para la educación pública.
En Villa María, peñas folclóricas que soñaron con un festival nacional y lograron, con apoyo municipal y un crédito del Fondo Nacional de las Artes, construir un anfiteatro que hoy es orgullo de la ciudad.
Después vino el público. Y con el público, el crecimiento, la masividad, los cambios de época, de gustos y de administraciones. Hubo gestiones municipales, comisiones designadas por los intendentes y, en algunos momentos, privatizaciones. Cosquín y Villa María pasaron por manos empresariales con resultados dispares, pero con algo que nunca se perdió: la defensa del festival como patrimonio simbólico de la comunidad.
Jesús María es, quizá, el caso más singular. Allí, seis décadas después, el festival sigue en manos de una comisión integrada por cooperadoras escolares. No es un dato menor. El evento más importante del país en doma y folclore continúa teniendo como objetivo central la educación de los chicos de la zona. Muchos de quienes hoy lo organizan fueron alumnos de esas mismas escuelas. El Estado municipal y provincial colaboran, sí, pero no administran. Aportan infraestructura, obras, servicios. La autopista, las tribunas, la logística. El corazón del festival sigue siendo comunitario.
En este contexto, la discusión planteada sobre si el Estado debe o no financiar espectáculos públicos resulta, al menos, incompleta. El verdadero problema no es la presencia del Estado, sino la transparencia. En qué se gasta el dinero, cómo se gasta y quién se hace cargo cuando hay pérdidas. Esa es la pregunta incómoda que pocas veces se formula con seriedad.
La experiencia muestra que la intervención estatal sin controles claros puede derivar en excesos difíciles de justificar. Millones aportados, estructuras sobredimensionadas, delegaciones oficiales que poco tienen que ver con la cultura y mucho con el gasto discrecional. Pero también demuestra que el Estado puede cumplir un rol positivo cuando acompaña, sin apropiarse, procesos que nacen en la comunidad.
Decir que los festivales «no deberían existir» sin financiamiento público es desconocer su historia. Los verdaderos dueños de los festivales son los pueblos que los crearon y los sostienen. Después, la gestión puede adoptar distintas formas: cooperadoras, comisiones mixtas, empresas privadas o modelos híbridos. El Cosquín Rock, organizado por una empresa, es un ejemplo de éxito que convive sin problemas con el resto de las fiestas populares.
Tal vez la pregunta correcta no sea quién los financia, sino quién los controla y con qué reglas. Si los intendentes deben dedicarse a gobernar y dejar la organización en manos de actores de la comunidad. Si el Estado acompaña sin opacidad. Si el beneficio vuelve al lugar que lo genera.
Más allá de ideologías y debates coyunturales, los festivales siguen siendo lo que fueron desde el principio: una expresión colectiva. Y eso no se privatiza ni se decreta. Se cuida, se administra con responsabilidad y, sobre todo, con transparencia.
Nota de Sergio Suppo en Cadena3.com



Cultura
29 DE ABRIL «DIA DEL ANIMAL»

Este lunes 29 de abril se celebra el Día del Animal en Argentina. La fecha conmemora la muerte del abogado Ignacio Lucas Albarracín, pionero en el país en la lucha por los derechos de los animales.
Día del Animal: ¿Quién era Ignacio Lucas Albarracín?

Albarracín nació en la ciudad de Córdoba el 31 de julio de 1850, se recibió de abogado en 1873, y desde entonces, dedicó gran parte de su vida a la defensa de los animales.

Las riñas de gallos, la doma de potros, las corridas de toro y el tiro a la paloma eran algunas de las actividades violentas a las que el letrado se oponía, y tras obtener su título profesional, se convirtió en uno de los precursores de la Ley Nacional de Protección de Animales N° 2.786, más conocida como la Ley Sarmiento, que se promulgó el 25 de julio de 1891. Esta ley fue luego incorporada en 1977 por la Liga Internacional de los Derechos del Animal y la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Desde el inicio de la Sociedad Argentina Protectora de los Animales en 1879, fue secretario. Sucedió además a Domingo Faustino Sarmiento en su presidencia en 1885.
Ignacio Lucas Albarracín murió el 29 de abril de 1926, y por iniciativa de la Sociedad Protectora de Animales, se conmemora en la jornada de su fallecimiento el Día del Animal.
Cultura
MATEADA PEÑERA

La Escuela de Danzas Folklóricas «MITAÍ» a cargo de la profesora Agustina Diaz, presentará el domingo 26 de abril de 2026 desde las 17hs en el salón contiguo a la Capilla María Auxiliadora de Concepción del Uruguay.
Será un momento propicio para compartir una tarde de música y baile entre amigos de las danzas tradicionales argentinas.

Mitaí trabaja semanalmente ofreciendo espacios de aprendizajes para alumnos de todas las edades.


La actividad de Mitaí, este año en febrero ofreció capacitaciones puntuales de algunas danzas específicas

Cultura
DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO

Hoy en día, el Día Internacional del Libro se celebra en todo el mundo, promoviendo la lectura como una herramienta para ampliar horizontes, fomentar la creatividad, fortalecer la empatía y construir sociedades más justas e inclusivas.
El Día Internacional del Libro es una invitación a celebrar la magia de la lectura y a reconocer su papel fundamental en la construcción de una sociedad más informada, crítica y reflexiva.

El origen de esta celebración se remonta a 1926, cuando la Unión Internacional de Editores propuso la fecha del 23 de abril para honrar a dos grandes figuras de la literatura universal: Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare, quienes fallecieron el mismo día en 1616.
Cada 23 de abril, nos sumergimos en un universo de palabras, historias y conocimiento para conmemorar el Día Internacional del Libro. Esta fecha, establecida por la UNESCO en 1995, rinde homenaje a la literatura y fomenta la lectura como una actividad esencial para el desarrollo personal y social.



Biblioteca popular «El Porvenir» de Concepción del Uruguay
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