Educación
BATALLA DE CASEROS Y EL FIN DE UNA ÉPOCA

Hace muchos años escucho decir que la batalla de Caseros significó para la República Argentina el final de una dictadura, de una tiranía que cubrió esta tierra de sangre y terror, constituyendo sobre esa base, el poder por el poder mismo de un hombre que, habiendo contado con todas las circunstancias a su favor y con todos los elementos para encaminar la vida de los argentinos, solamente hizo uso de tales ventajas para consolidar un gobierno despótico que se dedicó, aún en los casos de los grandes hombres que lo integraron, a exaltar su figura hasta ponerla a la altura de un dios pagano que, supuestamente, iluminaba estos lugares.
Esta acción de Justo José de Urquiza, que sin duda alguna configura una cuestión digna del recuerdo y el homenaje diario de los argentinos, una empresa militar en la que habían naufragado a esa fecha algunas de las más valiosas espadas argentinas y hasta el genio estratega del Manco Paz, no fue solamente un final. Sería injusto con nuestro Capitán General limitar aquel 3 de febrero al recuerdo del fin de la tiranía bajo el yugo de la cual padecían estas tierras declaradas independientes 35 años antes, en un estancamiento colonial que daba por resultado una triste decadencia, incapaz de producir la organización institucional necesaria para la vida de una nación soberana.

Al campo de batalla de Caseros llegó Justo José de Urquiza con la fuerza civilizadora que la patria imploraba para nacer al mundo. Al campo de Caseros llegó el General con toda su experiencia de gobierno progresista que había transformado su Entre Ríos en una provincia que, además de poner su ejército y con él la sangre de sus hijos para que la Argentina fuera tal, había dejado de ser un lugar inhóspito, plagado de vicios y vagancia, para ser un Estado productivo, capaz en aquellos años de ofrecer a sus habitantes la instrucción en sus escuelas y la educación en el trabajo.
Cuando llegó a Caseros, hacía casi dos años que en su Concepción del Uruguay natal, Urquiza había fundado esa casa que todavía hoy nos representa y colma de orgullo a los Entrerrianos y en particular a los Uruguayenses: el Colegio del Uruguay. Esa casa de estudios que nació de la visión del estadista para formar las generaciones de hombres que tendrían a su cargo por años los destinos de la Nación organizada a partir de la batalla que hoy recordamos y que cumplirían cabalmente con ese destino, como producto que eran del colegio que Urquiza instituyera como su único heredero.
A Caseros llegó un hombre que venía de crear escuelas, de generar trabajo, de abrir las puertas de su Provincia a todos quienes trabajaran por la ciencia, por el conocimiento.
Llegó un hombre convencido desde su juventud del sistema de gobierno que hacía falta para desarrollar el país, cuando ocupaba la Presidencia del Congreso de Entre Ríos y lo manifestara públicamente ante la consulta realizada por el Congreso Nacional reunido en Buenos Aires: «… que el sistema de gobierno que más convenía y producía más y seguras ventajas, era el sistema representativo, republicano y federal, y por la opinión de la Sala de Entre Ríos, como de sus habitantes, era que por esta forma se constituyese el Estado de las Provincias Unidas del Río de la Plata.»
A Caseros llegó un hombre fraguado en cien batallas, que venía trabajando en el ámbito público, pero también en su vida familiar y empresarial para cambiar un estado de cosas que inmovilizaba a su Patria y a la hermana República Oriental del Uruguay, un hombre maduro y convencido del camino que había que seguir.
Urquiza no vino a Caseros a ganar una batalla más, llegó portando la antorcha de la libertad que obsequiara a los hermanos uruguayos, a quienes ofrendó su victoria para que todos sin distinción de banderías, «…sin vencedores ni vencidos…», hicieran del Uruguay un nuevo país; vino a poner en marcha sobre su tierra el sueño de muchos argentinos de un país organizado institucionalmente, vino desde el sentimiento fraternal de una argentina a iniciar con otros argentinos un país que sirviera a todos desde la libertad y la igualdad que plasmaría en la Constitución un años después.
Estos son algunos de los antecedentes que Justo José de Urquiza traía cuando llegó a Caseros para terminar con la tiranía y dar luz a una nueva y gloriosa nación, que otorgaban la solidez conceptual al proyecto portado para que a los soldados del Ejército Grande, en su arenga les indicara que detrás del horizonte que formaban las tropas de Rosas, estaba la Constitución, la Organización Nacional.
Por esa misma razón es que ese hombre podía decir a sus soldados: «…y si la victoria es ingrata con alguno de vosotros, buscad a su general en el campo de batalla …», porque ese hombre había sido capaz de cargar sobre su espalda la vida de todos los entrerrianos, de los correntinos, de los uruguayos y brasileños y conducirlos hasta ese lugar a buscar la libertad negada por la mezquindad de otro hombre que no pudo en el combate, sostener con su espada, lo que la prensa por él sometida y a su servicio, amenazaba oculta tras papeles que el tiempo tornaría amarillentos.
Pero si decimos que el 3 de febrero de 1852 Urquiza comenzó a concretar el nacimiento de una nueva nación, bien vale repasar qué ocurrió a partir de allí con la Organización Nacional.
Ese mismo 3 de febrero llegaron con Urquiza, hombres que la tiranía había mandado al exilio, hombres que la Argentina de entonces necesitaba y que Rosas le negaba.
A partir de allí siguieron llegando otros para realizar su aporte a la Nación que se organizaba, no sin disputas, no sin el enorme trabajo de poner en funcionamiento, con la pasión de cada uno, con la fuerza contenida durante tantos años, la institucionalidad antes negada.
A Urquiza le tocó gobernar en aquel marco de intrigas y sospechas en el que la díscola Buenos Aires le asignaba el papel de un nuevo Rosas.
Cada acción de Urquiza fue demostrando su grandeza, a pesar de lo cual el Congreso Constituyente de Santa Fe no tuvo a Buenos Aires en la gloria de aquel inicio institucional.
Sin embargo supo esperar Urquiza a esa estrella que le faltaba a la bandera de Belgrano, mientras trabajaba el camino diseñado por el genio de Alberdi desde la Chile del exilio, las Bases para parir la Argentina del progreso.
Aquella obra jurídica junto a la gran obra libertadora del ínclito entrerriano sentó los principios del país naciente, la gran obra estaba realizada, el sello de la nacionalidad estaba puesto.
Pero la obra no terminaba allí. El Organizador de la Nación, el general victorioso, el caudillo, el bravo guerrero entrerriano, el gran estadista argentino, cumplirá el primer mandato constitucional en el marco jurídico-institucional que gracias a él se había podido establecer. Justo José de Urquiza sería a partir de allí el mejor ejemplo de la subordinación a la Ley, el que abriera la Argentina a todos los hombres del mundo que quisieran habitarla, el que lograría -otra vez junto a Alberdi- el reconocimiento de la independencia que España negara hasta entonces, así como el de el concierto de las naciones todas.
Sería Urquiza quien conseguiría la paz cuando la hermana Paraguay corría el riesgo de una guerra con los Estados Unidos de América.
Sería también Urquiza quien, a cuenta de toda su gloria y siendo la victoria segura para sus entrerrianos, dejaría el campo de Pavón para que la organización nacional fuera completa; el mismo hombre que, subordinado al orden jurídico vigente y al gobierno constituido entonces, como el más grande soldado de su patria asumió, no sin dolor, la misión de ir contra el Paraguay tan caro a sus sentimientos; el que por las mismas razones antedichas, no intervino cuando Paysandú agonizaba, haciéndose cargo en silencio de la tristeza de estos hechos y del cuestionamiento de quienes no entendieron -y de quienes aún no entienden- que estas renuncias fueron la más clara demostración de su grandeza.
Después de Urquiza no hubo más de estos gestos. Después de Urquiza, nadie puso la vida a disposición de sus adversarios y aún de sus traidores, para pagar con su sangre el precio de vivir por y para una Nación organizada.
Pero esto no fue todo. El repaso de la administración del país y de la Provincia de Entre Ríos muestra a un hombre ordenado, meticuloso en el manejo de los asuntos públicos y privados; un hombre que, como decía al principio, trabajó incansablemente para que la enseñanza pública llegara a los argentinos, para que el pueblo estuviera a la altura del país que nacía, para que la dirigencia de ese país contara con la formación profesional y espiritual que hiciera a esos nuevos hombres abanderados de la virtud y del progreso, para que surgieran de las filas de aquel Colegio del Uruguay -tal como lo anticipara Sarmiento- tres Presidentes Argentinos, uno del Paraguay, decenas de hombres cuyas actuaciones en el terreno de la educación, de la ciencia, de la función pública, de la carrera militar, en definitiva del estudio y del trabajo con que se hace fuerte una nación, la llevaran adelante. Al decir de uno de ellos, el Dr. Antonio Sagarna: «La fundación del Colegio Nacional del Uruguay es el hermoso prefacio de la gran obra emprendida y realizada bajo la inspiración y personal dirección del General Urquiza; y los prefacios -dice Comte- son el esbozo o la síntesis anticipada de la obra, El caudillo genial, profundo cateador de la veta de nuestro estado anárquico, despótico para cimentar la Nación que él organizó, para afianzar su provenir «en paz, trabajo y libertad», encendió la gran antorcha e instituyó esta gran escuela de la Democracia, realizando aquel sencillo y profundo pensamiento de un senador yankee: «Haced pasar por la escuela el sufragio si quereis república, libertad práctica y progreso.»»
Y vaya si tuvo éxito Urquiza!, aquel país que burilaron sus manos y fuera pulido y dado el brillo final por el Congreso que se reuniera en el Cabildo de Santa Fe, creció para el asombro del mundo por el sendero de la libertad que el prócer trazara desde la plaza de Concepción del Uruguay el 1 de mayo de 1851 y pusiera definitivamente en marcha el 3 de febrero que hoy recordamos. Creció para sus hijos y para los hijos de otros suelos que llegaron portando la educación en el trabajo que reclamaba el ilustre tucumano autor de las Bases y Puntos de Partida para la Organización de la República. Creció aceptando las distintas ideas, los distintos credos, creció en el debate, y en las diferencias de sus hombres, no pocas veces dirimidas por las armas, creció llevándose la vida de su Organizador para hacerlo más grande aún por su entrega sin retaceos a la obra imponente que se viera concretada en sus primeros pasos en el Palomar de Caseros, cuando, como he dicho al comenzar estas palabras, comenzó a caminar libre.
Ciento cincuenta y tres años después de aquel día, la Constitución Nacional sigue estando en el horizonte de los argentinos, con cambios, adaptaciones, interpretaciones, con lamentables violaciones que seguimos pagando, la obra de Urquiza y Alberdi está allí.
La tarea de hoy es trabajar para que la ruta hacia el horizonte de la Constitución sea recorrida día a día como algo dinámico, hacia el crecimiento permanente que emprendió Urquiza en Caseros.
No deberíamos olvidar aquella recomendación a sus soldados: «…si la victoria es ingrata con alguno de vosotros, buscad a su general en el campo de batalla…». El General está en el campo de batalla todos los días, está en cada obra, en cada escuela que se funda en su provincia, está en los descendientes de aquellos inmigrantes que siguen trabajando en la Colonia San José y sus alrededores, está allí donde el espíritu empresario arriesga cada día para trabajar por la grandeza del país, está en el sable portador de la paz, custodio de la libertad y la igualdad, que después de tantos años descansa en Paraná para orgullo de los entrerrianos, está finalmente en el bronce de la patria tan merecido, donde su espada junto a la de San Martín, se cruzan hermanadas cada 3 de febrero para indicar el camino que conduce a la grandeza de la Patria.
Fuente: http://www.logiawashington.org.ar/026.htm

Educación
INVERTIR EN CONOCIMIENTO TAMBIEN ES INVERTIR EN PRODUCTIVIDAD

“Más de la mitad de quienes estudian ingeniería en la Argentina lo hacen en alguna de las Facultades Regionales de la UTN. La formación profesional, la investigación aplicada y la transferencia tecnológica son capacidades necesarias para que el país pueda innovar y aumentar su productividad
En una economía global atravesada por la inteligencia artificial, la automatización y una transformación tecnológica cada vez más acelerada, la discusión sobre la universidad pública no puede quedar reducida exclusivamente a su presupuesto. La pregunta de fondo es otra: qué capacidades necesita la Argentina para producir, innovar, generar empleo calificado y competir en un mundo que está cambiando a una velocidad inédita.

En ese escenario, la universidad pública ocupa un lugar central. No solamente porque forma profesionales, sino porque produce conocimiento, desarrolla investigación, transfiere tecnología y construye vínculos con empresas, organismos públicos y sectores productivos.
En el caso de la Universidad Tecnológica Nacional, esa relación con el entramado productivo forma parte de nuestra propia identidad. La ingeniería tiene una característica particular: transforma conocimiento en soluciones concretas. Detrás de una mejora en un proceso industrial, de una innovación tecnológica, de una nueva infraestructura o de la incorporación de herramientas digitales existen profesionales, investigación y conocimiento acumulado.
Por eso, cuando discutimos el financiamiento universitario también estamos discutiendo desarrollo económico.
Una universidad que cuenta con previsibilidad presupuestaria puede planificar inversiones en infraestructura, equipamiento y tecnología. Puede sostener proyectos de investigación que necesariamente requieren continuidad. Puede fortalecer sus carreras, acompañar las trayectorias de sus estudiantes y profundizar la relación con las empresas y los sectores productivos.
La experiencia de la UTN Paraná permite ver esa articulación en términos concretos. En los últimos años desarrollamos proyectos de vinculación tecnológica y transferencia científica hacia el sector industrial y productivo. Recientemente, por ejemplo, la Facultad firmó un convenio con la empresa Elmer 4.0 para fortalecer la cooperación y la asistencia técnica en materia de desarrollo tecnológico regional.
También participamos de espacios como Agroactiva, donde la Universidad pone a disposición sus capacidades de investigación aplicada y establece vínculos con empresas, productores y organismos públicos.
Ese vínculo es fundamental porque permite que el conocimiento generado dentro de la universidad no termine en sí mismo. La investigación y la formación adquieren otra dimensión cuando pueden transformarse en soluciones, mejoras productivas, innovación y nuevas capacidades para la economía.
El desafío de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial acelera todavía más esta discusión. Ya está modificando procesos productivos, formas de organización, servicios y profesiones. Frente a esta transformación suele aparecer una pregunta inmediata: cuántos puestos de trabajo puede reemplazar la tecnología. Es una discusión necesaria, pero incompleta.
También tenemos que preguntarnos qué nuevos trabajos, actividades y oportunidades puede generar, qué sectores productivos pueden incorporar estas herramientas para mejorar su productividad y, fundamentalmente, qué capacidades necesita desarrollar la Argentina para participar activamente de esa transformación.
No alcanza con ser consumidores de tecnología. Necesitamos formar profesionales capaces de comprenderla, desarrollarla, aplicarla y adaptarla a las necesidades de nuestra economía.
La universidad pública tiene una función estratégica en ese proceso.
Necesitamos ingenieros y profesionales capaces de trabajar con inteligencia artificial, pero también de comprender sus límites y evaluar sus impactos. Necesitamos investigadores que produzcan conocimiento y empresas capaces de incorporar ese conocimiento a sus procesos. Y necesitamos un Estado que cuente con profesionales preparados para utilizar estas tecnologías en la gestión y en la prestación de servicios públicos.
La transformación tecnológica, además, no ocurre solamente dentro de las empresas tecnológicas. Atraviesa a la industria, al agro, a la energía, a la salud, a la educación, a los servicios y al propio Estado.
Por eso, formar ingenieros y profesionales tecnológicos también es una política de desarrollo.
En la UTN tenemos una responsabilidad particular. Más de la mitad de quienes estudian ingeniería en nuestro país lo hacen en alguna de nuestras Facultades Regionales. Eso representa una enorme responsabilidad, pero también una oportunidad: acompañar la formación de miles de jóvenes que serán quienes diseñen, desarrollen y conduzcan buena parte de las transformaciones tecnológicas de las próximas décadas.
Presupuesto, inversión y planificación
Todo esto requiere previsibilidad. El presupuesto universitario no debería analizarse únicamente como una partida destinada a financiar gastos corrientes. También es una herramienta para sostener capacidades que el país necesita para desarrollarse.
Un laboratorio requiere equipamiento. Una carrera de ingeniería necesita infraestructura específica. Una investigación necesita continuidad. Un proyecto de transferencia tecnológica requiere recursos y profesionales capaces de sostenerlo en el tiempo.
Cuando esas capacidades se interrumpen, reconstruirlas no siempre es inmediato. El conocimiento, la formación de equipos y la experiencia acumulada necesitan años para consolidarse.
Por eso, la discusión presupuestaria también es una discusión acerca del modelo de desarrollo que queremos construir.
La Argentina necesita aumentar su productividad, incorporar tecnología, agregar valor a su producción y generar empleos de mayor calificación. Para alcanzar esos objetivos hacen falta empresas que inviertan e innoven, pero también instituciones capaces de formar profesionales, investigar y producir conocimiento.
Universidad y sector productivo no son mundos separados
Desde la formación de profesionales hasta la investigación aplicada; desde la transferencia tecnológica hasta la vinculación con empresas; desde la generación de conocimiento hasta la capacitación de quienes luego trabajan en el sector privado o en el Estado, existe un entramado que forma parte de las capacidades productivas del país.
En un mundo en el que el conocimiento tiene cada vez mayor peso en la generación de valor, esas capacidades se vuelven estratégicas. El desafío es conseguir que puedan desarrollarse con continuidad, planificación y una mirada de largo plazo.
Porque invertir en universidad pública también significa invertir en conocimiento. Y el conocimiento es una de las principales herramientas que tiene una sociedad para innovar, mejorar su productividad, generar nuevas oportunidades laborales y construir su futuro tecnológico”, concluyó Carrere. (APFDigital)
Opinión de Alejandro Carrere (decano de la Facultad Regional Paraná de la Universidad Tecnológica Nacional)

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SAN MIGUEL ARCÁNGEL PATRONO DE ENTRE RIOS

Desde los tiempos coloniales fue una tradicional costumbre cristiana poner a cada pueblo bajo la protección de un santo patrono. En el caso de Entre Ríos, en 1825, la elección recayó en San Miguel; recordamos cómo y por qué.
El honor y la veneración a San Miguel, ha sido parte esencial de la vida de la Iglesia desde sus inicios. Se lo representa con el traje de Guerrero o de Soldado Centurión como Príncipe de Milicia Celestial. Es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael.

La Santa Iglesia le da el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”. Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento, recuerda Cuestión Entrerriana.
Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector contra los poderes diabólicos.
En Entre Ríos
En la provincia el culto a este arcángel tiene su historia. En 1822 por iniciativa del cura Antolín Gil y Obligado, se levantó en Paraná la primera capilla en honor de San Miguel Arcángel, es la iglesia más antigua de esta ciudad, que en su momento fue iglesia matriz. También San Miguel, fue el nombre de la primera estancia jesuítica que dio origen a la ciudad de Paraná.
En 1825 era tal la devoción por San Miguel y por la Virgen del Rosario que un cura de fuerte presencia, el deán Francisco Dionisio Álvarez, concibió la idea de llamar a la feligresía a una votación para determinar cuál santo sería patrono de la provincia y cuál el patrono de la ciudad de Paraná.
El 1º de enero de 1825, por votación popular, realizada en la plaza céntrica de Paraná, San Miguel resultó elegido patrono de Entre Ríos.
Las crónicas refieren que fue la primera elección democrática con participación de toda la población de que se tenga noticias allí y no obstante lo que esperaba el propio clero, que entendía que sería elegida patrona la Virgen del Rosario, los votantes eligieron a San Miguel.
La virgen del Rosario fue elegida como patrona de la ciudad, que se llamaba entonces Villa de Nuestra Señora del Rosario de la Baxada del Paraná.
En tanto, en diciembre de 1851 el Papa Pío IX confirmó a San Miguel Arcángel como Patrono de Entre Ríos.
Cada 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel, la provincia celebra la Festividad del Santo Patrono. Es feriado provincial para la administración pública provincial y municipal y optativo para el empleador del comercio, la industria y los servicios
Educación
ÚLTIMO TRIMESTRE DE ACTIVIDADES ESCOLARES OBLIGATORIAS

El ente rector de la escolaridad obligatoria entrerriana es el Consejo General de Educación.
Este organismo dictó oportunamente el calendario escolar 2026 mediante el acto administrativo conocido como Resolución 3686/25 CGE. De la misma se desprende que el mes de Octubre es el de las inscripciones para el período escolar 2027.

Distintas escuelas del Departamento Uruguay ya enviaron notas o comunicados a las familias consultando por la reinscripción 2027, para determinar la existencia aproximada de vacantes en cada división/grado/sala.
Es momento para que las familias analicen integralmente la escolaridad de los menores a su cargo para decidir si dan continuidad a la trayectoria escolar en la institución de su preferencia o en donde haya cupos/vacantes.
El tercer trimestre inició el 31/08/26 al 18/12/26. En Noviembre se produce el cierre del tercer trimestre (primaria y secundaria). Presentación de informes de las trayectorias educativas de estudiantes.(Resolución N° 0920/19 CGE), mediante sistema SAGE Resolución N° 1800/22 CGE
Diciembre: Actos de colación a partir del día 4.
07 al 18 de diciembre: Período de intensificación de aprendizajes e informe para Nivel
Primario
18 de diciembre:
Finalización del tercer trimestre con cierre diversificado de trayectorias escolares
Febrero 2027: período de integración, intensificación y evaluación de
saberes.

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